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Grupo surrealista de Madrid

CLAVAR LIMAS EN LA TIERRA, libro de poemas del Grupo Surrealista de Madrid y alrededores

INTRODUCCIÓN

Memoria del futuro: a eso debemos aspirar. Memoria del futuro porque esta ha de ser una de las tareas fundamentales de la poesía, hoy y en cualquier momento. Y recordar es ver lo que está por venir: no solo el desastre que llega y sus consecuencias, tanto inmediatas como a medio y largo plazo, sino también lo que habrá que hacer. Hay que anticiparse al desastre para que se frustre en la medida de lo posible e imposible, hasta que sea el recuerdo atroz de una mala pesadilla. ¿Acaso no se ha dicho siempre que la poesía puede y debe ser visionaria? Pero ejercitar la memoria del futuro demanda reconocer y trabajar las líneas de fuga del presente. En este punto, la palabra vuelve a erigirse en eje de lo que sigue estando por enunciar. Es necesario, para ello, aunar las dos vertientes de cualquier actividad que sea esencial: la contemplativa y la activa,  necesaria y bellamente autónomas, y a la vez misteriosa pero irreversiblemente inseparables e interrelacionadas.

No es mera esperanza imaginaria: ya está tendiendo a hacerse realidad. Hay lugares, espacios, luchas, momentos, grupos, comunidades, individuos, singularidades irreductibles y causas desesperadas, gritos en el silencio y relámpagos secretos, y violentos aguaceros, y terremotos furiosos que sin embargo saben esperar su oportunidad. Hay aquí y allá, por todas partes y ninguna, trabajadores de la noche que conspiran para abolir el trabajo. Hay, mientras la ciudad duerme su letargo opaco, prácticas colectivas e individuales de naturaleza autogestionaria que despliegan radiantes su turbulencia pasional, tanto en el plano de la acción directa como en el teórico, en el creativo y en la simple y plena vida cotidiana. Todas ellas nacen del deseo y de la necesidad de otorgar un contenido liberador, solidario y transformador a las formas de vida efectivas que anticipen un futuro en el que poder emanciparse de la distopía capitalista, y a las que ya se adivina tal emancipación. Pero a la vez que ensayamos las tácticas más urgentes en el plano de la autonomía material y convivencial que permita vivir fuera de la economía, del mismo modo, y con su propia especificidad, hemos de ejercitar la memoria del futuro de las palabras: del significado que transita por ellas y que ellas igualmente crean, a través de la vertiginosa e incondicional puesta en juego del lenguaje poético que convoca y alienta el trance de la videncia.

La mera consideración de lo anterior, puesto en relación con el mundo que estamos viviendo o desviviendo, nos conduce a reflexionar sobre una de las problemáticas del lenguaje, el específicamente poético, y aún más específicamente el lenguaje del poema. Esta reflexión la realizamos a partir del mismo pensamiento poético, perfectamente independiente del filosófico en tanto que este (como por lo demás el científico) se presenta como saber abstracto, separado y especializado, y precisamente porque el poético no lo es. Pero no queremos quedarnos solamente en él. Queremos darnos el gusto de presentar los poemas que lo encarnan, dar testimonio de la materia externa e interna donde la emancipación también se gesta, para acaso medir la importancia que una cosa y otra puedan tener en el devenir de la desalienación de los individuos de la cultura de la dominación, porque somos capaces de generar ahora y siempre una cultura revolucionaria de la libertad.

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Pero placer o deseo no son sinónimos de ceguera o autoengaño. No hay reservas naturales protegidas para que el ecosistema poético se reproduzca en una inocencia adánica, indemne y a salvo de la deforestación provocada por el mercado y su contaminación ideológica. Es necesario partir de la evidencia: la poesía se ha convertido en un lamentable expediente. Este es un hecho que no debería ser necesario recordar, si no fuera porque la industria cultural y la vanidad de los poetas se empeñan todavía en fingir una cómica ignorancia ante un cataclismo que tiene más de un siglo a sus espaldas.

En efecto, la liberación romántica de la expresión poética fue un acto necesario, pero también el primer paso hacia el suicidio de la poesía por el agotamiento de las posibilidades formales y temáticas de esa misma expresión. Más tarde, la autopsia dadaísta destripó la ilusión de la poesía entendida como escapismo y paraíso artificial del espíritu. Y por fin la bulimia del espectáculo devoró los restos del cadáver para vomitarlos después en una papilla mediática cuyos ingredientes son la indiferencia, la banalidad y el retraimiento. Se podrá por tanto escribir poemas después de Auschwitz y de Disneylandia como quien sigue respirando y malviviendo en la cárcel o en un hospital, pero de ninguna manera el poeta o el lector de poesía pueden permitirse el lujo de dar la espalda a esta encrucijada histórica en la que se debate la poesía, y con ella la imaginación y la creatividad humanas, si es que de verdad se pretende que esa poesía tenga que llevar a alguna parte: a la vida, y no a los pasatiempos de la la supervivencia.

Es justamente el acto de contemplar de frente esas ruinas y esa desolación el que funda y justifica este libro. Porque el presente volumen es la conclusión siempre provisional de una indagación sobre la poesía que se sostiene sobre la conciencia de su crisis total, pero también de su potencia revolucionaria, condición en la que interviene una presencia de espíritu y una intensidad radical que forman parte de la naturaleza intrínseca e intemporal de la poesía, y que son también su tabla de salvación actual, e incluso su mismo destino. Tal exploración se ha llevado a cabo sobre la base de unos principios fundamentales que nos son comunes, siendo el más determinante el que formula que la poesía escrita no puede ser entendida en su verdadera significación si no es incluida en un movimiento más amplio que abarca, penetra y exalta toda la existencia fuera de las esferas separadas y especializadas de la literatura y el arte. Nos referimos a la poesía por otros medios, esa poesía vívida y viva que se expresa en un plano autónomo del poema y de sus dinámicas acotadas, por medio de un sin fin de manifestaciones y experiencias sensibles, pasionales e imaginarias que rompen en la vida cotidiana el acondicionamiento vegetativo y dopado de la jaula de hierro y microchips del capitalismo industrial1.

De lo que estamos hablando, pues, es de una reconciliación dialéctica que ha de resolverse de forma armónica. La separación artificial entre poesía escrita y todas sus restantes encarnaciones y facetas, junto con las clasificaciones jerárquicas que se desprenden de ella, es una separación abocada a su fin. Las mismas potencialidades que alberga la poesía hacen insostenible por más tiempo su estancamiento más acá o más allá de esa línea divisoria que pretende devolverla una y otra vez al recinto cerrado de la literatura y su insignificancia, frontera impuesta y ficticia que por demasiado tiempo ha estado obstaculizando un movimiento que apunta natural y majestuosamente hacia el confín donde se interroga a sí misma la condición humana. Esto no niega el papel, la fuerza y la legitimidad del poema como tal: solo matiza y equilibra su peso específico en una economía poética que no puede ni quiere subsumir ni difuminar al poema en la poesía por otros medios, de la misma manera que de la poesía por otros medios el poema no puede ni debe querer separarse, so pena de quedar degradado y desvitalizado en el espléndido aislamiento de un prestigio cultural tan fatuo como estéril.

Es así como todo poema que aspire a merecer ese nombre tiende constantemente a un límite y lleva implícita la idea de su superación. Toda vez que ha establecido contacto, promueve un movimiento centrífugo que desde el interior tiende necesariamente a desplegarse hacia el exterior, a proyectarse entre todas las demás manifestaciones de la poesía que la preceden y continúan. Para facilitar este flujo, conservando al máximo toda la potencia disponible, bastará con la simple comprensión de la libertad y su trayectoria. Porque lo que aquí hacemos es afirmar una concepción de la poesía como visión del mundo, y por tanto como relato indefectiblemente inscrito en el discurso de la libertad. A este respecto, nos situamos en el extremo opuesto a la concepción de la poesía como discurso de la literatura, que entendemos es antagónico al discurso de la emancipación.

Por otro lado, es la concepción inmovilista de la naturaleza y la función del poema la que está viciada, haciendo que sea prácticamente imposible cerrar un capítulo ya caduco para pasar a vivir otras aventuras. Por ejemplo, nos parece que la noción de “escritura personal” es imprecisa, una falsa exactitud, ya que no es más que la consecuencia de un solipsismo sublimado: el soliloquio de un yo que se cree intacto e indemne a todas las energías, presencias y fantasmas de la vida y de la Historia que nos atraviesan a cada instante tomando la palabra que creíamos pronunciar. Así mismo la escritura personal se confunde, equivocada o deliberadamente, con otra insuficiencia: el yo poético, una de las construcciones más artificiosas y sonrojantes que haya levantado la decrepitud literaria a mayor gloria de la vanidad ególatra, esa que se pone por encima del resto de individuos supuestamente no-poéticos, seres inferiores incapaces de experimentar, sentir y crear poesía, y hasta de apreciarla a no ser como espectadores cegados por una admiración hacia el genio que ciega y suprime la genialidad innata de todo ser humano. Y es que no habría amos si no hubiera esclavos: el endiosamiento del yo poético se explica por la humillación endémica del lector de poesía, ese pobre masoquista que se ha tragado el anzuelo de la división del trabajo literario y sus roles hieráticos, y cree beatamente que solo puede hollar el umbral de la sagrada lírica y adorar la inspiración ajena consumiendo las ostentosas mercancías del privilegiado que se dice poeta, servidumbre voluntaria de un espíritu que consuela y maquilla su miseria vital con los gastados oropeles de una leyenda áurea que ya hace bastante tiempo entró en bancarrota.

Así se cierra el círculo de la poesía literaria, de su función represiva y de su rentabilidad económica: la  pervivencia y pujanza de tales construcciones ideológicas se debe especialmente a los intereses que ponen en circulación todos y cada uno de los especialistas (desde el crítico y el periodista hasta los editores y los así llamados poetas) que forman la ridícula parcela poética agrimensurada por la industria cultural; o, si se prefiere, la celda poética global en la que fichan cada día hasta constituir lo que algunos llamamos la penitenciaría cultural.

A esto hay que añadir la escasa o nula conciencia que se tiene en este país en lo concerniente a la dimensión colectiva de la poesía y de su arraigo en el principio revolucionario de transformación de los condicionantes internos y externos que alienan al hombre, lo que explica la imperante caída en el peor de los ismos: un individualismo que idolatran los intelectuales en general, y, en lo que aquí importa, los poetas en particular. Semejante individualismo es una especie de profecía de autocumplimiento seudoelitista que arrastra consigo el légamo, el ramaje, la rocalla de una obturación monstruosa, hasta constituirse en su propia petrificación. Por otro lado, es evidente que tal tara narcisista se asocia a la perfección con la doctrina liberal, y en particular con su rama económica. Este es un hecho decisivo porque se tiende a confundir individualismo con subjetivismo, sobre el que se vierte una sospecha que pervierte su contenido liberador y ciega su potencial contra-alienante. Así, cierto discurso crítico ha podido errar el tiro, confundiendo el libre mercado de las personalidades que manipula la vanidad enfermiza del individuo atomizado, con las singularidades, deseos, heridas y enigmas verdaderamente personales que el dinero no puede comprar ni el mercado vender ni la publicidad manipular ni la tecnociencia diseñar y producir, gangas y gemas arrancadas a la ardiente intimidad que se guarece en lo oscuro, materia prima al rojo vivo de la palabra inaudita con la que se inspiran y escriben los poemas de una subjetividad irreductible y soberana, y por ello mismo compartible y compartida por el resto de Únicos que desean rehacer una comunidad humana verdaderamente común.

La consecuencia final de estos errores es la minusvaloración, cuando no la negación, de las relaciones entre lo que escribe un individuo y lo que escribe un grupo, o mejor, lo que escribe ese individuo y sus vínculos conscientes e inconscientes, voluntarios o involuntarios, como mínimo con la comunidad que le rodea y de la que jamás podrá dejar de formar parte. Esto nos lleva a pensar que nadie escribe para sí y que nadie escribe solo. Ni siquiera en el más extremo aislamiento ocurre tal cosa. Es tal el número de afectos y desafectos que nos puebla que su compañía nos sigue sin remedio, hasta el punto de que la multitud de seres y cosas que la forman puede llegar a ser incontable. Abordamos aquí esta cuestión a partir de la siguiente evidencia: el peso que tiene en la escritura de los que intervienen en este libro la actividad colectiva de la que participan, animan y apoyan. Con esto queremos decir que existe una correspondencia entre unos y otros, otros y unos, que alimenta sus relaciones en sus diversas manifestaciones. Tal nutriente, pensamos, tiende a potenciar la fuerza de las singularidades, por cuanto a su propia intensidad se suma la amplificación del clima colectivo.

Insistir en la trascendencia de tal ambición es poner el acento sobre un anhelo largamente perseguido: hacer de la poesía un hecho comunitario. De este modo, la práctica individual de la escritura del poema en el marco de una actividad de grupo, esto es, de una aventura afín, representa en su propia escala un ensayo destinado a hacer un poco más verdadera la realización de la poesía por todos, y no solo por uno. No se trata, sin embargo, de proponer un experimento colectivo de escritura poemática: lo que este libro testimonia es la reciprocidad de un intercambio de tensiones entre unos hombres y unas mujeres que ninguna relación guarda con esos engendros del pensamiento posmoderno bautizados con el nombre de intertextualidad y apropiacionismo. Esto queda para los intercambiables y los indiferenciados. Porque uno de nosotros puede ser el «doble» del otro, pero jamás el múltiplo. Podemos ser otredad pero nunca multiplicidad. Somos potencia singular. Pero tal potencia y tal singularidad suman su energía a la del clima colectivo hasta favorecer su unidad de acción y pensamiento.

Donde todo esto termina por concretarse y volverse ejemplar, vinculando lo orgánico y lo autónomo, la acción común y la libertad individual, es en el cruce de ideas, actitudes y disposiciones que se genera entre los distintos poetas que participan de esta aventura. Si hacemos esta precisión es para señalar que entre ellos se encuentran los que forman parte del Grupo surrealista de Madrid en tanto miembros del mismo y los que contribuyen como amigos, colaboradores y, creemos poder afirmarlo, cómplices. Esta diferencia orgánica, formal pero necesaria al preservar una independencia y soberanía inalienables, no es óbice para que se produzca una camaradería pasional que se traduce en un flujo de colaboraciones enriquecedoras, de tal manera que la pólvora que prenden unos y otros desemboca en un estallido unitario en los momentos donde la vida se pone en juego. No en vano esa pólvora se destila también en otros ámbitos y momentos de afinidad y de acción en los que participan algunos de nuestros amigos, como sucede con Emilio Santiago y el colectivo Rompe el círculo, o la incansable actividad internacionalista con numerosos grupos e individualidades surrealistas repartidos por el mundo que mantiene Bruno Jacobs, cofundador del Grupo surrealista de Estocolmo y hoy miembro del Grupo surrealista de Madrid. Lo mismo ocurre con Silvia Guiard, una de las fundadoras de la revista Signo Ascendente, que fue órgano de expresión del Grupo surrealista de Buenos Aires hasta 1992, y que colabora en la revista Salamandra desde hace una veintena de años, lo que la convierte en algo más que una aliada. Y con Julio Monteverde, parte activa y fundamental de nuestra actividad desde 2000 a 2012, con el que seguimos compartiendo un proyecto común fundado en la aventura surrealista y los derechos y poderes de la poesía y el deseo. Y aliados son, y parte de un caudal profundo —cada uno desde su singular aportación química, fraternal y en archipiélago— Pierre d. la, Miguel Pérez Corrales, Carlos Trujillano y Alba Pascual, para siempre inseparables de nuestra historia y nuestro devenir.

En este sentido, querríamos recordar a otros compañeros y amigos como Mariano Auladén, Enrique Carlón, Francisco Morán, Jorge Kleiman, Carlos Valle de Lobos, Toni Malagrida, Paco Carreño, Miguel Ángel Ortiz Albero u Óscar Delgado, que por su actividad surrealista, y por su aportación general a la causa de la poesía y de la emancipación, podrían sin duda haber formado parte de este libro. Si no ha sido así es justamente porque hemos renunciado a conformarlo como una mera y mortecina antología más, y todavía peor, como una antología histórica e historizante de la poesía escrita del Grupo Surrealista de Madrid. Por este motivo, y sin perjuicio del valor de la obra y de la actitud de los amigos antes nombrados, hemos tenido en cuenta los criterios de actualidad y de persistencia en las colaboraciones y complicidades que se han mantenido y se mantienen hasta el día de hoy.

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No somos los únicos ni los primeros en afirmar que la originalidad pura ya no es posible, aunque no dejamos de pensar que la restitución del sentimiento de originalidad puede serlo, en tanto exploración a tumba abierta de la oscuridad que nos rodea y redescubrimiento implacable de uno mismo. Al respecto, tampoco nos hurtamos actualizar una verdad: la de que el surrealismo no solo ha nacido de una operación de gran envergadura sobre el lenguaje, sino que, en lo sucesivo, esa operación se realiza no solamente desde dentro, sino también desde fuera del mismo. La diferencia que sugerimos residiría en que hoy actuamos igualmente en su afuera. En el poema, la palabra ha conseguido llegar a ser libre a causa de la energía recibida desde lo abierto. Y existe la intuición de que, desde esa libertad, para algunos surrealistas la escritura del poema manda hacia dentro sus energías para reanimar toda posible sequía interior. Si la operación fue, al principio, desencadenar a la palabra de sus distintas servidumbres al determinismo de la racionalidad pragmática y utilitarista, haciéndola emerger, lo que tal vez hoy debamos exigirnos sea obrar, complementariamente, desde una palabra que partiendo de afuera contribuya a la emancipación mental y social que la palabra del abajo había inaugurado. Hay que reconocerle a la palabra su vida en la exterioridad, como ya habíamos reconocido su vida en la interioridad. Todo ello intentando volverla común, aunque sin rebajar un ápice su delirio, sin importarnos que sea corrompida, ya vendrá una nueva insurgencia contra-léxica que sirva para romper su fijación a una identidad y una función preconcebidas e invariables.

Cuando aludimos a una palabra revolucionaria y señalamos al poema, nos preguntamos en qué puede este ser revolucionario. Entre otros argumentos —algunos de los cuales se esquematizan en esta introducción— podemos citar el siguiente: conforme a una cierta concepción surrealista el poema es revolucionario en la medida en que es lugar, es decir, en que es el lugar donde la palabra conquista su utopía,. Lo que en el lenguaje instrumental del poder y la economía, pero también de la cotidianeidad gastada de los trabajos y los días indiferenciados, no se había emancipado pues no había encontrado antes su lugar, halla justamente en el poema el lugar de esa emancipación: su realización.

Así acontece la poesía. Así la poesía se vuelve acontecimiento mayor, pues de otro modo no sería poesía. La poesía es para nosotros acontecimiento por cuanto, imbuida de ese espíritu utopista, lleva a adquirir una conciencia concreta de un despertar, que, en el caso que nos ocupa, es el del lenguaje, y de modo específico de la palabra. ¿Pero de qué despierta la palabra? Sin lugar a dudas, de más de un sueño inducido por las quimeras del capital que refleja la publicidad, esa proliferación de mercancías que se expande por todas partes sin respetar ni lo que supuestamente era más sagrado o, dicho mejor y sin eufemismos, menos rentable: el raquítico mercado editorial de la poesía. Es que cuando la economía parece caer atrapada en su propio juego, y la extracción de valor se estanca y rarifica, es necesario acudir a los nichos de negocio antes despreciados, de la misma manera que el agotamiento del petróleo de mejor calidad empuja a la megamáquina a escarbar en los agujeros y toperas donde el olvidado esquisto rumiaba su milenario sueño resentido. Y así, un mercado embalsamado en su propio espejismo culturalista, e inmunizado contra las burbujas del desarrollismo gracias a una parálisis congénita, se ha desperezado y desde hace unos años presume, cual tigre de papel asiático, de unas tasas de crecimiento anual del 25%. De esta manera la fabricación en serie de poetas y libros de poemas no cesa de hipertrofiar a la poesía, sometida a las mismas leyes de normalización, simplificación, reificación y fetichización que imperan en cualquier otro sector económico, hasta hacer de lo que fue energía y enigma mera marca vacía y estandarizada, y pura logorrea paródica de una experiencia prefabricada y una subjetividad vacía de aquel lenguaje y aquellas palabras convulsivas, tal vez incomprendidas e incómodas, pero nunca inofensivas ni superficiales, que un día fueron la boca sombría de un volcán interior donde se fundía y forjaba el oro del tiempo de una vida irrepetible y habitada en la intemperie de la muerte2. El llamado poeta queda así reducido a pieza de montaje en una cadena de producción que reduce la dolorosa palabra oracular, estigma trágico y destino prometeico de la poesía digna de ese nombre, a su mínimo valor de uso convencional, tópico y cosificado, a la vez que vomita miles de poetas perfectamente intercambiables que, conscientemente o no, dan carta blanca al imperativo económico como principio y fin de la existencia humana. ¿Acaso no cantaba cierto postpoeta al mercado capitalista como la nueva musa a la que se debería rendir pleitesía, y a su triste novolengua como modelo de todo lenguaje posible y deseable, justo en el momento en que tan adorable deidad se revolcaba en una crisis sistémica que tantas vidas se ha llevado por delante? La palabra que aquí invocamos y pronunciamos no se resigna a pasar por el aro del spot y del logo, ni se rebaja al trabajo basura de dorar la píldora de cianuro y limpiar la sangre ideológica y estética de los asesinos que nos dominan, sino que aspira a superar, por los medios lingüísticos y poéticos que le son propios, tal estado de cosas.

Pero con igual importancia, y acaso con simétrica intensidad, esta palabra que despierta de, también despierta a lo que se sobrepone a tal hipnosis y a tan miserable función: sea por invocación como por pronunciación, la palabra que enarbolamos es sublevación subjetiva en los márgenes de lo común, para así obrar una tarea política de negación en la que el poema no dejaría de ser un aliado necesario. Porque todo lo que rodea a la poesía es político por mucho que en ocasiones trate ilusoriamente de autoproclamarse anti-política o apolítica. De este modo, no se trata solo de impedir que de ella se apropien los dueños del mundo y todos sus agentes, sino asegurar su participación en un movimiento general que libere al hombre del capitalismo de espíritu en el que unos y otros se han propuesto disolverle. Pero, desde nuestro punto de vista, esa liberación no puede limitarse a la esfera política o económica, sino que se engloba en un movimiento integral de liberación del espíritu orientado al despilfarro dionisiaco del ser humano: hacia una libidinización de la vida mediante una práctica ebria de deseo en pleno ejercicio de su libertad. ¿Qué otra cosa es el ejercicio de la poesía, ese vértigo arrebatador en el lenguaje y en la vida, esa fiesta negra y feroz que ya nunca querríamos abandonar?

Es por esta razón, y en relación con lo ya apuntado más arriba sobre la defensa innegociable de los derechos y poderes de la subjetividad liberadora cuando es libre, que nos preguntamos si no es otro error a evitar el identificar toda poesía de resistencia e insurrección contra el orden dominante con cierta “poesía de la conciencia crítica”, o cualquier otra modulación de la poesía social. Que se nos entienda bien: en ningún caso pretendemos reabrir el viejo debate entre realismo socialista y surrealismo, ni contraponer estéticas y poéticas en un torneo al fin y al cabo académico que se agota en su penosa trivialidad. Una polémica que Claude Cahun cerró hace ya más de 80 años al hacer hincapié, y demostrarlo en la lucha antifascista arriesgando su vida y la de su compañera Suzanne Malherbe, en la importancia decisiva de la acción indirecta de la poesía que, siguiendo vías aparentemente más secretas e improbables, logra un efecto perturbador y subversivo mayor y de más largo alcance3. Pero la propia Cahun también reconoció la eficacia relativa y la oportunidad coyuntural de la acción directa de cierta poesía de combate en esos momentos históricos de urgencia y llama que resquebrajan las costuras del destino, como también lo hicieron Paul Nougé o André Breton, por lo que es necesario insistir en que el debate no puede reducirse a la oposición competitiva entre poéticas enfrentadas que pugnarían por una ilusoria supremacía literaria. Y ni siquiera es un debate, sino una reflexión sobre un gravísimo malentendido que ha llegado hasta nuestros días: la asociación tan estrecha como excluyente de toda poesía que participe de una conciencia crítica o radical con un lenguaje predeterminado por un canon léxico, conceptual y simbólico consagrado por la tradición política, lingua franca de la denuncia y de la protesta que extrae su fuerza y su debilidad de la rutina, el hábito, la seguridad tranquilizadora y confortable de lo conocido que deja afuera y abajo lo por conocer. Porque no todas pero sí muchas veces, esa lingua franca es también la lengua muerta de la dominación, el lenguaje instrumental y estereotipado que nos han inculcado desde la infancia, sofocando la palabra salvaje que busca a tientas el deseo para esbozar la utopía de lo imaginario.

Por todo ello no nos conformamos con reivindicar, sino que nos tomamos sin permiso todas las libertades para reavivar una poesía que dentro del lenguaje hace la guerra a la lengua degradada del poder, a sus palabras cautivadas, a su lógica esclava y esclavizadora. Una poesía que no se pliega al pecado original que dictamina un eterno sentido unívoco y utilitarista a cada palabra como una tara hereditaria, sino que invita a sumergirnos en el océano de las palabras olvidadas o jamás pronunciadas, o susurradas a medias, o malinterpretadas en los tiempos difíciles, o calladas por labios cosidos por el hilo del miedo, o aulladas hasta forjar un desesperado grito inaudible: las palabras que nos siguen faltando para enunciar un poder que derroque a la mediocridad de su universo. Y es que hay veces que la palabra rebelde no clama en el desierto, sino en la prisión que ella misma ha elegido por hogar. Por eso ya nadie la escucha, ni impresiona a nadie su mensaje rutinario de ira consumida y profecías caducas.

Debería ser entonces igualmente evidente que tal apuesta no se limita ni a la palabra ni al poema, sino que quiere instituirse como punto de partida y palanca de fuerza para abordar la crisis de la imaginación que atenaza, empobrece y debilita la causa revolucionaria y su discurso, cuestión a vida o muerte que cada vez más preocupa a todos aquellos que siguen conjurándose por la liberación y contra la economía. Y ya es un tópico el afirmar que los imaginarios del mercado y la tecnología nos han devorado por dentro hasta casi agostar el humus maldito que nutría nuestros sueños. Como lo es lamentarse por el poder aparentemente perdido de imaginar otras formas de vida y otra idea de felicidad que rompan las costuras de la muerte sin alternativas del capitalismo. Pero no lo es tanto llamar la atención sobre la importancia de la forma, el medio, el proceso, la herramienta, la intensidad que utiliza la imaginación para regenerarse y regenerar la utopía, más allá del contenido racional y racionalizado que siempre se suele poner en primer plano. Y así se polemiza y filosofa hasta el hartazgo sobre lo imaginario, pero seguimos siendo incapaces de imaginar nada por nosotros mismos: nada que vaya más allá de los modelos sancionados por una estética partidista e ideologizada anquilosada, nada que se escape a los reflejos degradados de las fábulas idotas del espectáculo. Porque la guerra capitalista contra la imaginación insurgente no está llegando a su final, ni está perdida, siempre que entendamos que la visión utopista de otros mundos que le es consustancial y que tanto necesitamos está intrínsecamente unida a la potencia creadora del lenguaje. A su capacidad imprevisible de poner patas arriba el sinsentido de las cosas. Y a la atracción pasional que sienten las palabras por abrirse en canal para que en su pecho palpitante cada uno de nosotros lea el secreto único que solo a él o a ella pertenece, que ningún otro aurúspice público o privado sabría descifrar. Esta y no otra es la actividad sísmica que debe recorrer las palabras de todo poema que se pretende antagonista: sin tal turbulencia su mensaje político, por muy incendiario, sincero o acertado que sea, sufre de una debilidad congénita que terminaría por paralizarlo. Y que, en todo caso, dificulta su contribución a la descolonización del imaginario individual y social que está por hacer, y que nunca se logrará con el lenguaje que un mal día nos inculcó el poder.

Por otro lado, si decimos que queremos impedir que los dueños del mundo apresen a la poesía, no podemos dejar de pensar en el grado de colaboracionismo en el que incurren todos los poetas que recluyen a la palabra en las celdas de un lenguaje sistémico a pesar de presentarse como su opuesto. O precisamente por ello. ¿De qué nos vale una poesía que libere a la palabra si lo hace para traicionarla mejor, para usarla en un marco sociológico y una actividad vital que cae en la sumisión obsequiosa con la dominación, sea por insostenible ingenuidad o por puro y simple convencimiento? La experimentación con el lenguaje poético, la exploración de las palabras y de su sentido libérrimo, dejan de ser emancipadoras en cuanto el que las escribe se alinea detrás del opresor y no de los oprimidos. O se echa a un lado escurriendo el bulto, mientras se encapsula en su torre de plasma para subir a la red social de turno su ración diaria de deyecciones autistas. Porque el genio de la poesía no se casa con el conformismo político, económico y social, no tolera la asunción acrítica y agradecida de la lógica de la mercancía y de la palabra puesta a trabajar, no perdona ni a indiferentes ni a cobardes ni a traidores, pues el que libre la guerra de la libertad con sus propios medios y a su oblicua manera no significa que lo haga sin cólera. Más bien al contrario.

De esta manera la palabra que reivindicamos quiere contagiar una divergencia absoluta, es una afirmación radical actuante que brota de una suerte de delincuencia del espíritu que amenaza a todas esas disposiciones que hacen de la palabra un activo de contra-libertad. Y si apelamos analógicamente a la delincuencia del espíritu es por entender que se trata de una actitud que contiene en sí misma esa dimensión política, ya que interviene directamente en la vida, justamente porque el poema no es algo aislado en tanto acepte insertarse en una práctica colectiva que quiere verterse en la comunidad. Nos queremos interrogar, y actuar en consecuencia, sobre si tal práctica podría conseguir que el poema deje de ser un inane ejercicio literario; si a través suyo, y en relación con la conciencia y la experiencia cotidianas de la poesía por otros medios, sería posible abrir una brecha en el ciego muro sordomudo de las fuerzas fácticas, y no solo las literarias. Toda esta tarea, es verdad, hay que ponerla entre paréntesis si consideramos las mínimas fuerzas de que disponemos hoy, que se encaminan además a una nueva clandestinidad bajo el imperio de las presentes y futuras leyes de excepción que a nadie perdonan, ni a la gozosa farsa cruel del titiritero, ni la letra ácida del cantante de rap, ni la performance escandalosa de la activista de Femen, ni siquiera al poheta confidencial más inofensivo que un día de locura traspasa la raya semántica que separa la ocurrencia chistosa de la imagen sacrílega. Pero sí que nos podemos conceder de antemano algo: es en el magma explosivo de una descomposición social uniformemente acelerada bajo el siniestro periodo prefascista actual, y de la actividad revolucionaria que intenta plantar cara al suicidio asistido que está en marcha mientras busca la salida de una civilización que se derrumba sobre sí misma, donde se puede hacer penetrar la escritura del poema en el dominio del conflicto. Y esto se hará considerando sus propios medios, que no serán solo ni simplemente los del compromiso ideológico, sino los de su libertad sin reservas: una libertad que deseamos nuestra.

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Escritura de la sombra, de la boscosidad, de la sinrazón, del umor, de la luz, del abajo, de lo abierto, alzándose contra el lenguaje de los amos, dispuesta a asaltarlo y vencerlo. Así es como la práctica surrealista del poema quiere inquietar el dominio del imperialismo mental, gripando sus engranajes y abriendo grietas por las que deslizar una palabra que obre una desalienación de la vida interior, propiciando de este modo una emancipación del espíritu en un mundo asediado por su capitalización.

Dicho todo lo anterior, deseamos concluir manifestando que este libro no se ha escrito para la salvación del lenguaje, sino para destruir en él todas las inercias utilitarias, todos los tics productivistas, y en definitiva todas las presiones desencantatorias que hoy pujan por apoderarse de nuestras vidas, incluyendo sus actos de habla y expresión. Pero la tarea destructiva, por muy grande y negativa que sea, es tan solo una cara de la moneda, o el primer paso hacia la verdadera vida. Por ello hablamos de una destrucción que no es nihilista sino, siguiendo la estela de los clásicos anarquistas del XIX, una suerte de destrucción creativa que aspira a derruir lo existente para dejar hueco al florecimiento de lo mejor que existirá4. Es por tanto la precondición para reinventar colectivamente la más alta misión del lenguaje, pues sin duda este es un don del azar que a los humanos nos ha sido dado para habitarlo de modo surrealista, entendiendo aquí surrealismo en la acepción menos doctrinal y más esencial: para usarlo y abusarlo de modo voluptuoso, en tensión de plenitud y en fiesta de libertad.

Por eso este libro también anhela y conscientemente busca la reinvención del lenguaje siguiendo la misma lógica transformadora y la misma dinámica insurgente que incitan al surrealismo, desde siempre, a reinventar el amor, reinventar el sujeto o reinventar la vida. Y la escritura de estos poemas no aspira necesariamente a articular significados, a crear sentidos. Y si lo hace, no desdeña, sino todo lo contrario, vehicular intensidades, crear libertades, lo que acaso sea su verdadero horizonte. De este modo, los que en él confabulamos pretendemos que estas palabras se levanten contra todo lenguaje que no se rebele ante cualquiera que sea la providencia que se le destine como yugo fatal y sempiterno; contra la voluntad de cronificar en las palabras un estado de postración que eternice la catástrofe terminal elevada a nueva normalidad; contra este mal de espíritu de una época que, como la nuestra, en su agonía, inocula la metástasis de su discurso totalitario y parasitario para saturar y embalsamar el mundo por fuera y por dentro. Deseamos que nuestras palabras, en la medida en que seamos capaces de situarnos a su altura y establecer con ellas una complicidad vital incondicional, irrumpan con la gracia irresponsable, la extraña elegancia, el humor objetivo, la furia insaciada, el trance sonámbulo, la melancolía enamorada, el placer gratuito y la firmeza arrogante de clavar limas en la tierra apostando el todo a la nada.

Grupo surrealista de Madrid


Notas:

   1. Solo por esta razón, que se ramifica además del plano individual al colectivo, tales experiencias se afirman y ofrecen como uno de los argumentos principales de una vida libre y plena que reclama ser vivida como un regalo y no una condena. Es en este sentido que hemos querido abordar a lo largo de estos años la investigación y la experiencia del fenómeno de la poesía por otros medios, realizando una recopilación, análisis y comunicación de sus diversas expresiones, como se puede comprobar en los siguientes trabajos colectivos: Todavía no han ardido todas. La experiencia poética de la realidad como crítica del miserabilismo, Traficantes de sueños-La Torre Magnética, Madrid, 1998; Indicios de Salamandra, La Torre Magnética-Zambucho Ediciones, Madrid, 2000; Situación de la poesía (por otros medios) a la luz del surrealismo, Grupo surrealista de Madrid-Federación de Estudios Libertarios y Anarquistas-Librería Asociativa Traficantes de sueños-Colectivo La Felguera, Madrid, 2006; “Encuesta sobre la poesía”, Salamandra. Intervención surrealista. Imaginación insurgente. Crítica de la vida cotidiana, nº 17/18, Madrid, 2008; Crisis de la exterioridad. Crítica del encierro industrial y elogio de las afueras. Enclave de libros y Grupo surrealista de Madrid. Madrid, 2012; Las mercancías mueren, las cosas despiertan. Jornadas sobre el objeto cuando todo se viene abajo. Ed. La Torre Magnética. Madrid, 2013.
   2. Como explica bien Unai Velasco en un esclarecedor estudio sobre el gran timo de la industria plumífera, lo que permite y alienta que ciertos autores y libros de poemas “formen parte del casillero poético, que los periodistas se refieran a ellos como poetas, que las librerías de la FNAC o La Central los ubiquen en las mismas estanterías que Blanca Varela o Philip Larkin, que al rellenar los formularios del ISBN sus editores los clasifiquen como poesía, es una especie de perversión: si maneja bien las leyes de lo facultativo, la sociedad neoliberal tiene el poder de imponer el deseo sobre la realidad” (“50 kilos de adolescencia, 200 gramos de Internet”, CXTX, http://ctxt.es/es/20170111/Culturas/10522/nueva-poesia-jovenes-poetas-Internet-redes-sociales-fen%C3%B3meno-comercial.htm).
   3. Claude Cahun abordó estos problemas en su fundamental ensayo Les Paris sont ouverts (1934), y pudo aplicar su teoría durante la ocupación nazi de la isla de Jersey, llevando a cabo con Malherbe una larga y exitosa campaña de desmoralización poética y surreal de los soldados alemanes. El impacto de sus acciones fue tal que pronto se convirtieron en el principal quebradero de cabeza de la Gestapo, hasta que fueron detenidas y condenadas a muerte, pena de la que solo se libraron por el fin de la guerra. Próximamente Ediciones de La Torre Magnética publicará Les Paris sont ouverts, junto con otros materiales relativos a su aventura en Jersey.
   4. Por tanto, se trata de una destrucción impulsada por una rabia que no es ontológica ni una revuelta anti-logos, sino profundamente histórica: una pasión de rebeldía contra la incorporación del lenguaje al paisaje desolador de las alienaciones modernas, pues como decía el situacionista Mustapha Khayati, «es imposible desembarazarse de un mundo sin desembarazarse del lenguaje que lo oculta y lo afianza» (Internationale Situationiste nº 10, 1965, traducido en Internacional Situacionista vol. II: La supresión de la política, Literatura Gris, 2000). Y si este reclamo parece maximalista y exagerado, lo es solo como respuesta proporcional al grado de depauperización, sin duda mucho más exagerada, que nuestras experiencias sufren bajo el sometimiento del capitalismo de espíritu.

Año: 
2017

Chronicle of the event about the object

To organize these three days of debate in order to reflect on the object is related to the intention of the Surrealist Group of Madrid to intervene in the reality of everyday life. This presence is part of the dynamics that this group has been developing since the beginning of the 90s. But it must be said that it takes on a new meaning in the light of the present state of things, as it has been well exposed in the opening text of this book. Specifically, and as a political strategy of its own, the discourse that raises out of and which stands on the principles of revolutionary criticism and poetic enchantment should find the practices that materialize it and that tend to make it desirably understandable for everyone: understandable in rational terms (conceptual) and non-rational (poetic). Thus, elucidation and intuition, analysis and apprehension should proceed in a more united way than ever. The issue that this strategy puts forward is where to expose this discourse and these practices so that the ideas that it contains not only reach to the related but also to the contraries, to the concerned and to the unconcerned, to those different and to (...) Leer más

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Game of the Hours

The immediate purpose of this game is to provide evidence drawn from living experiences for the existence of a ‘surrealist poetic time.’ There is here a necessary prior consideration: to discover to what extent there is in each of us, and how intense the experience, an experience of time that overlaps with ‘forced time’ in all its possible manifestations. Testimony, modest but decisive, of an experience of ‘emancipated time.’ Naturally, what comes out of the answers will be a mystery that can transform the obviousness of the game into something new. Although this remains to be seen.


1) A clock face is found from which the hands are removed.

2) Each player designates a time associated with an event from his/her life that upholds the principle of the marvellous: revelation, passion, liberation, emancipation, encounter.

3) Each player selects a sentence that acts as an emblem of this lived experience and, upon the clock face chosen for the game, writes it against the corresponding time.

A selection of the replies:

Three o'clock in the afternoon, always and everywhere. It is the timeless moment, or perhaps better, when (...) Leer más

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Laboratory of the Imaginary

Every project that calls itself revolutionary needs to undertake, in the field of creative imagination, the task of confronting unreservedly a radical opposition to the imaginary of domination. At the same time, it requires the assertion of an own imaginary, not only in order to reply to it but also as utopian, i. e. emancipatory promise.

To give in for the blackmail of the spectacular image is to insult the legacy of history in the form of images of freedom; it is to consent to a kind of sociologistic fatalism, of undialectical historistic determinism that would lead to a suffocating situation; it is to concede a victorious present rising over an unredeemed passed to the language of the masters. It is moreover to adopt the tactics of the ostrich in front of a threatening reality that bothers one to address as it breaks the ideological laziness that  took for closed the debate on creation because of the supposedly indisputable expedient of the death of art and its historic realization in everyday life. And still, what is certain is that the economy continues to produce images that penetrate us through all the pores, taking control of our desires, depriving (...) Leer más

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The false mirror

A fundamental fact stands out in the media-culture of the image: that Power has been able to use it as avant-garde evidence of its discourse, turning the image into the foundation of its goals: the instrumentalisation of the imaginary. In this way, Power has found in the image an unexpectedly effective and aestheticising tool that establishes the objective order of appearance and illusion, and at the same time makes its transparent violence acceptable.

To arrive at such a state of affairs, it was necessary to implant so-called freedom of expression into the liberal dynamics of “sensure” (censure of sense, a term coined by the French poet Bernard Nöel) to make it reappear, after a barely perceptible displacement, under a new name: freedom of representation, a concept undoubtedly closer to that of the free market with which it is associated. As a result of this distortion, which takes the form of a cataclysm, representation occupies an increasingly preferential position in respect to imagination, to the point that we can state that imagination, now ruled by the laws of representation, is losing all connotations of interiority. This is, of course, a disaster that promises to wipe out the primordial ‘sin (...) Leer más

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Últimas noticias

Viernes 5 y sábado 6 de octubre de 2012
Os invitamos, el próximo viernes día 5 a las 19:30 horas, a la presentación del libro "CRISIS DE LA EXTERIORIDAD, Crítica del encierro industrial y elogio de las Afueras", publicado por Enclave de Libros junto con el Grupo Surrealista de Madrid. El acto, que tendrá lugar en la Librería Enclave (Relatores 16, Madrid, Metro Tirso de Molina), contará con la presencia de dos de los autores: Eugenio Castro y Emilio Santiago. Información sobre el libro 

Además, el sábado 6 de octubre se presenta en Santander el libro "De la materia del sueño", de Julio Monteverde. Será en la Librería Gil a las 19.30, y el acto contará con la presencia del autor, a quien acompañarán Vicente Gutiérrez y Noé Ortega.

Miércoles 27 de junio de 2012
El próximo domingo 1 de julio se presenta el número 7 especial de El Rapto en la Mostra del Llibre Anarquista de Barcelona. Será en la Rambla del Raval a las 12.00.

Programa completo de la Mostra del Llibre Anarquista de Barcelona

Jueves 24 de mayo de 2012
El próximo sábado 4 de mayo se presenta el número 7 especial (...) Leer más

Diez propuestas para la ubicación de la estatua de Carlos III

Ante la importantísima propuesta de interés público que el Ayuntamiento de Madrid ha elevado a sus ciudadanos, en el sentido de la elección del lugar idóneo donde levantar una estatua en honor de Carlos III, distinguido megalómano que no contento con ser rey quiso también ejercer directamente la función de Alcalde, el Grupo Surrealista de Madrid propone diez sencillas alternativas:
 
Podría colocarse:
 
–En el asiento trasero de todos los taxis.
 
–En un foso del parque del Retiro, amenazada perpetuamente por un espejo desviado.
 
–Dentro de la taquilla del Museo de Cera.
 
–En las piscinas municipales, con flotadores hinchables.
 
–En el fondo del río Manzanares con claraboyas para su contemplación.
 
–Fragmentada y dispersa por la Montaña Rusa.
 
–Colgada entre las Puertas de Europa (Plaza de Castilla) balancéandose de forma irritante.
 
–Embozada en una larga capa y tocada con un sombrero de ala ancha.
 
–Que se facture y que cada mes se envíe por tren a un lugar diferente.
 
–Distribuirla gratuitamente en forma de miniaturas de jabón a todos los madrileños.
 
Estas sugerencias servirían, qué duda cabe, para resituar en su justa medida a aquel que catalogó a los madrileños y madrileñas (...) Leer más

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Situación de la poesía (por otros medios) a la luz del surrealismo

Del 19 al 28 de octubre de 2006.
Organizan: Traficantes de Sueños y Grupo Surrealista de Madrid
(con la colaboración de: Colectivo de Trabajadores Culturales La Felguera)
 
Lugar: Librería Asociativa Traficantes de Sueños
Calle Embajadores 35, local 6
28012 Madrid 
Metro: Embajadores o Lavapiés
Todas las intervenciones tendrán como hora de comienzo las 19:30.
 
Calendario de intervenciones:
 
Jueves 19 de octubre:
La llama bajo los escombros: Consecuencias del uso de la poesía, por Julio Monteverde.
La poesía, cuando denuncia al futuro al poner el dedo sobre el problema del presente, modificándolo y ofreciendo un escenario en el horizonte, invita siempre a la repetición de estados análogos a los que se han sentido al practicarla. Se trata no sólo de que la poesía se plante en el presente para cambiarlo, sino que se vuelca siempre en el futuro con la intención de crear más vida. Es así, y no de otra forma, que la poesía puede ser entendida como fuerza subversiva.
 
Viernes 20 de octubre:
La piel reinventada: defensa del tactilismo, por Noé Ortega
Las  imágenes desvitalizadas de la publicidad y del consumo han creado un monopolio de lo visual que tiende a atrofiar a los otros sentidos. Entre (...) Leer más

Todavía no se han parado todos

No hay peor esclavo que el esclavo feliz. No hay tiranía más segura que la que se soporta con alegría. Ante la proliferación de víctimas voluntarias, no se puede hablar de libertad o de revolución. Hablemos para empezar de pesimismo: pesimismo sobre la cualidad intelectual y moral del ser humano, sobre su capacidad de rebeldía, sobre la fuerza de sus deseos. Porque hay muchas razones para alimentar ese pesimismo que por fuerza ha de actuar como perturbación y ruido de la sintonía del sistema.

Precisamente, 1997 terminó en Madrid con un ridículo “acontecimiento” que nos es muy útil como ilustración de lo que queremos decir. El 28 de diciembre se celebró la carrera de Popular, organizada bajo el increíble lema de “Movilización popular contra los excesos de las fiestas. Desafía la pereza”. Francamente, esto ya es demasiado. ¿Qué excesos? ¿Qué pereza?

¿Acaso se refieren los organizadores a los tímidos gastos extra que la clase trabajadora se permite por Navidad, como válvula de escape a los sacrificios cotidianos exigidos por el régimen del euro? El problema de los “excesos navideños” consiste en que se quedan cortos y duran muy poco tiempo. Dada la capacidad productiva del capitalismo, que, reconozcámoslo sin prejuicios, es inmensa, (...) Leer más

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Los malos tiempos arderán

I. Lo que vamos a decir lo decimos sin ninguna ilusión ni tampoco esperanza, ni sobre su utilidad ni sobre la verdad última de nuestros argumentos. Estamos demasiado lejos de los acontecimientos, tanto física como temporalmente, demasiado lejos, demasiado tarde, como para pretender tener ninguna influencia sobre ellos. Estamos lejos, además, de su propia negación, pues a pesar de que efectivamente compartimos una miseria análoga que se debe a las mismas causas, no es sin embargo igual, ni tiene su misma intensidad. Pero nos animan al menos dos deseos: contribuir, junto con los propios actos y a la luz de los mismos, al esclarecimiento del mundo en el que sobrevivimos, y salir en su defensa, allí donde su acción por muchas razones ejemplar merece ser defendida, contra todas las calumnias y mentiras que se han levantado y se levantarán por los enemigos de afuera y los de adentro, y no porque los insurrectos de Francia necesiten esa defensa, sino porque la necesitamos nosotros, los otros proletarios de tez “blanca” y conciencia desteñida, para desenmarañar el tejido de ficciones que nos encadena paralizando nuestra propia ira y nuestra propia revuelta. No pretendemos tampoco idealizar ni glorificar nada, porque nada debe ser (...) Leer más

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Homenaje a Luis Andrés Edo del Grupo Surrealista de Madrid

Es sin duda innecesario y hasta petulante que en este breve mensaje de homenaje y amistad pretendamos, nosotros los surrealistas, rememorar y comentar los hechos y peripecias de una vida revolucionaria ejemplar, en la FIJL y en la CNT, en Defensa Interior y en Solidaridad Obrera, en Barcelona y en el exilio. Otros testimonios lo habrán hecho ya, con más conocimiento de causa, y hablando muchas veces desde la primera persona del que ha compartido un mismo combate contra el escándalo permanente de este mundo abyecto. Permítasenos entonces que contribuyamos con un testimonio más modesto pero afectivo, aunque quizás en el mismo podamos aportar algún matiz más que añadir al rico calidoscopio que cristaliza una vida cuando, como la de Luis Andrés Edo, es verdaderamente vivida a la altura que la misma Vida exige, y no la servidumbre ni la supervivencia.

 Conocimos por primera vez a Luis Edo en el marco de la exposición que el Grupo de Paris del Movimiento Surrealista organizó en 1997, en la sede de la CNT y de la FELLA en Barcelona, en la calle Joaquín Costa. Esta exposición fue acompañada de algunas charlas, y de ahí surgió la idea de organizar también nosotros al año siguiente una exposición y, mejor aún, todo un (...) Leer más

Miserias de la rebeldía

El pasado día 17  de Octubre en el CSO La Gotera de Leganés tuvieron lugar un conjunto de agresiones contra compañeros que trataron de impedir la censura y el robo del libro La traición de la hoz y el martillo, agresiones  por parte de un grupo de antifascistas que, a través del chantaje a la asamblea de las jornadas, ya habían conseguido anular la presentación del libro.

 Los hechos son absolutamente repudiables y carentes de cualquier tipo justificación. No hay coartada posible ni manera de amparar una actitud por un lado tan  mafiosa y autoritaria y por otro lado tan absolutamente burda e inútil en el peor sentido de la palabra. Sabemos que los residuos de los diversos estalinismos todavía merodean  por los bajos fondos de la política pretendidamente revolucionaria, pero carece de importancia conocer  si esta ha sido su penúltima maniobra de “choque y pesca” porque hace muchos años que la historia ha puesto a cada uno en su sitio. Sabemos que el antifascismo no es precisamente una coordenada política desde la que se pueda hilar muy fino, que es especialmente susceptible a la ideologización integrista y estética  más deformada y que cualquier cosa (como un libro no muy bueno sobre la caricatura anarquista del marxismo que no dice nada nuevo), en (...) Leer más

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A modo de presentación

La revista Salamandra cumple con esta nueva entrega los veinte números, desde que el primero saliera a la luz en 1987. En todo este tiempo transcurrido no sólo ha cambiado el formato y el grosor de la revista (recordemos que aquella primera Salamandra no pasaba de las dieciocho páginas), sino que también han aumentado, creemos, sus ambiciones y preocupaciones, su capacidad de interrogación e intervención en la realidad y en los debates y acciones que pretenden criticarla y combatirla. Pero lo que no ha sufrido ningún cambio es su razón de ser: la plasmación de una actividad colectiva que se sostiene en la crítica de la dominación y en la experimentación de lo maravilloso, en la lucha contra la alienación social y mental, en la voluntad de transformar el mundo y en el deseo de cambiar la vida; en definitiva: en la revuelta y en la poesía abrazadas para llevar a cabo, a partir del surrealismo, que no de su ideología o de su dogma, un proyecto político de vida poética que hiciera posible una emancipación en todos los planos de la existencia.

Que en un proyecto como este no sólo participen personas que se identifican como surrealistas, sean del grupo (...) Leer más

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Instrucciones de uso para el RAPTO nº 7

Llevábamos tanto tiempo contando derrotas y contemplando hundimientos, que ya no nos acordábamos de un tiempo mejor en el que el proletariado asaltaba por segunda o enésima vez cielo alguno. Tanto tiempo de desolación, tristeza, impotencia y soledad, que parecía que el fin del mundo propiciado por un capitalismo tan destructor como agotado se había consumado, totalmente, y para siempre. Hasta tal punto había llegado el desánimo, que incluso se decía que la capacidad de resistencia de los hombres y de las mujeres aplastados por las constantes vueltas de tuerca de la economía había desaparecido, que al fin y al cabo eran cómplices subhumanos de su sometimiento, ratones de laboratorio dopados y domados incapaces de rebelarse, que la revuelta había pasado a la historia, y que si alguna había y aquí o allá estallaban la rabia de la desesperación o la protesta airada ante el penúltimo chantaje del mercado y del Estado, no se trataban sino de gestos vacíos sin futuro ni sentido, a no ser el de refinar y apuntalar los mecanismos represivos de la dominación que supuestamente intentaban combatir. Y sin embargo, el fulgor y el calor de las luces de las banlieus francesas o de las noches (...) Leer más

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El barón Hausmann sube a los cielos

¡No, todas las cosas extrañas, inquietadoras y escalofriantes del barrio Chino barcelonés, como los del Chinatown londinense o los del barrio neoyorkino su tocayo, no existen sino en la leyenda!... No;  estas cosas para poder ser han de poseer clandestinidad. Os aseguro que para poder acabar con él no hay mejor sistema que tolerarlo y... vigilarlo. Un barrio sospechoso donde todo el mundo haga lo que quiera, pero donde al primer delito (...) esté la policía allí, dejará de ser pecaminoso y será inocente como un baile benéfico de damas catequistas.

Antonio de Hoyos y Vinent, 1930

Puesto que Lavapiés es un barrio poblado por mahometanos, beduinos, cabileños, cafres, zulúes, pigmeos, patagones, mayas, mohicanos, esquimales, coolíes, mongoles, tasmanios y canacos, por no hablar de algunos indígenas residuales que muchas veces son los peores, la autoridad competente ha decidido decorar sus calles con adornos, tecnológicos por supuesto, pero que por su apariencia sin duda recordarán a estos salvajes su terruño natal. Por eso se han levantado unos airosos soportes de metal sobre los que descansan cual ídolos pánicos unas utilísimas cámaras de vigilancia, a la manera de un tótem del siglo XXI que deberá ser adorado y temido como los tótems del (...) Leer más

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