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Tercera sesión del Laboratorio Onírico: la increíble parada de los Objetos Soñados, seguida de las primeras confidencias y conclusiones del Urbanismo Onírico

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La tercera sesión del Laboratorio Onírico se propone este sábado 3 de junio plantear la cuestión del urbanismo onírico, o de cómo los sueños pueden configurar la ciudad que habitamos. Pesadilla mortal de la economía y del desarrollismo, insomnio yermo de hormigón y cristal y césped artificial que desespera a todo lo que la rodea, la ciudad no es tanto ni solo un espacio físico, real y objetivo, sino simbólico, imaginario, onírico. ¿Y no se ha dicho acaso que el sueño debería aplicarse a todos los problemas de la vida? Parecería entonces muy oportuno contar y contarnos cómo es la ciudad soñada, la urbe que transfigura la noche, los elementos urbanos descoyuntados y yuxtapuestos y retorcidos que aparecen y desaparecen en el sueño como la ballena blanca en el océano primordial. ¿Se trata acaso de aquello que más tememos y detestamos de la tecnociudad del consumo y del aislamiento, o son al contrario los primeros planos, los cimientos pioneros de la ciudad liberadora que hay que construir, redescubrir, liberar?

Otra ciudad para otra vida. Una vida por fin sin mercancías. Pero no sin objetos encantados, tan útiles como mágicos: es hora de pasar revista a los objetos soñados que desde la anterior sesión hayan llamado a la puerta de nuestro dormitorio, suspirando por un cuerpo tangible para su alma errante. Hablaremos de ellos. Mejor aún: los pondremos encima de la mesa para verlos y tocarlos y palparlos, para que nadie dude de su existencia material, para se pongan a bailar y hacer cabriolas y sacar la lengua y avergonzar a la mercancía prepotente y su mundo cerrado y en liquidación. Porque esa es siempre su libre determinación. Y la nuestra también.

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