cambiar la vida

Antonio Ramírez: EL OBJETO ROBADO

Es mi propósito añadir un nuevo astro a la constelación de objetos poéticos creada por el surrealismo. Junto al objeto encontrado, el de funcionamiento simbólico o el que sale a nuestro paso en los sueños -y tantos otros- quiero situar también al objeto robado.

Eduardo Abadía Sicilia: ÍNTIMA INTEMPERIE

 El casco antiguo de la ciudad de Zaragoza está nítidamente delimitado en el plano. Las calles “Coso”,”Echegaray y Caballero” y “César Augusto” ( por donde discurría la muralla romana _de la que aún hoy se evidencian vestigios_) hacen el efecto de isla originaria o de placa continental que se moviese paralelamente al curso del río Ebro, al que está pegada, pareciendo a él enganchada ( el río como sirga ), deviniendo a una velocidad infinitamente menor a la de la corriente del agua pero con la misma fatalidad; velocidad imperceptible pero intuida en las particularidades morfológicas mostradas en el plano. En dirección al mar ( al este ), el casco viejo parece ejercer la presión de su aquí supuesto movimiento al barrio de “La Magdalena” y al inmediatamente contiguo parque “Bruil”. Al mismo tiempo, en el oeste, el susodicho desplazamiento sugiere una estela o rastro que forma el barrio de San Pablo    ( popularmente llamado “ El Gancho “, ejerciendo de tal con el barrio de “ La Almozara “ _ barrio céntrico y periférico a la vez _ del que tira ). Es significativo, en este aspecto, que la ciudad no se haya extendido sino muy poco en torno a su eje fluvial ( oeste-este ), comparativamente a su gran extensión norte-sur, y como rehuyendo la fatalidad, aun de forma ilusoria pues, siguiendo lo dicho, toda la ciudad acabará arrastrada a su destrucción acompañando al río hacia el mar como en amor trágico. La entropía se ve apremiada aquí por la acción intempestiva del cierzo.
 

Javier Gálvez: EL LENGUAJE VELADO

Desde hace ya bastantes años he ejercido la sencilla actividad del paseo, con la certeza de dejarme extraviar. En varios de estos paseos me he topado con la presencia enigmática de algunos comercios (en desuso o cerrados) cuyos letreros que les dan nombre han sufrido la pérdida de alguna de sus letras, provocando de este modo una pérdida de referencia o de identidad de ese mismo establecimiento.
 

Eugenio Castro: LUGAR COMÚN

Somos atravesados sin cesar por el horizonte. Allí donde estamos, incluso bajo el peso de una situación hostil, no dejamos de sentir esa herida. Antes y después del hombre encorvado que hoy somos, el ser profundo contiene la gracia y la gravedad de tal ensanchamiento. El centro que somos en él encarna y se expande, tensado en su tejido liberado. El horizonte, no lo olvidemos, es fuga, fijeza de una huida en la que el hombre se vuelve objeto de su propio destino, se hace destino. El horizonte siempre ha habitado en nosotros tanto como nosotros habitamos el horizonte: sentimos su imantación en la medida que somos fuerza de atracción. Se suscita en este discurrir un principio de aventura a la que se une simultáneamente una posibilidad de descubrimiento, puesto que el tránsito del horizonte se hace con las propias etapas del asombro que abre. De hecho, el horizonte es siempre un trayecto que se prolonga en su propio devenir: su imagen fijada refleja nuestro constante deambular, nuestro ir hacia él. Resulta significativa esta invariabilidad que no obstante estimula movimiento: el horizonte está siempre animado. De hecho, siempre en su lugar, el horizonte causa expectación y suscita atención. Se vuelve centro y convoca. A decir verdad, el mundo lo visita. Y como toda entidad genial, otorga su amplitud, es espacio de abandono donde acontece una experiencia inmediata -y común- de libertad. Lo que tiene de importante una experiencia tal es que no sólo se da individualmente, sino que es compartida. En efecto, si de algo podemos apercibirnos en la experiencia del horizonte es que aún encontramos espacios de vida donde persiste la esperanza del sueño colectivo: se va solo hacia el horizonte y se empieza el diálogo con los demás. Y no importa que ese diálogo se dé en voz baja. Al contrario, tal tono y una mudez son inherentes a una vivencia -común- del paisaje que lo abraza, una comunicación que excede los límites de lo comunicable: es una celebración integral del afuera que desdice y despoja. No en vano, en la vida despojada todo calla y la abundancia domina. Y ante el horizonte quedamos siempre en silencio y despojados. Desnudos o vestidos estamos siempre con la piel al aire, con el cuerpo entregado. Quizá por eso decimos -y sentimos- que estamos integrados en el paisaje, porque el cuerpo se conforma en su despojamiento. Esta simpatía física con el paisaje se torna visible en la inclinación humana a ver en ciertas formas rocosas, vegetales o gaseosas partes del cuerpo humano o el cuerpo humano en su totalidad (esto, por lo demás, resulta menos de una mirada antropocéntrica que del reconocimiento del/lo otro que siempre ha estado ahí). Y aún de forma más clarividente en el perfil de las montañas, destacándose en un cielo que es en sí mismo horizonte (pongamos por ejemplo a “La mujer muerta”, que tan nítidamente se percibe desde la ciudad de Segovia). De este modo se suscita una comunión más allá de la palabra: la experiencia del horizonte es una respuesta física de lo común (también desnudos o vestidos vertebramos la profundidad de lo abierto que el horizonte es); es comunicación concentrada en la unidad geográfica; es alteridad que nos revela y hace reconocernos.

Antonio Ramírez: DERROTA Y DEFUNCIÓN DEL PENSAMIENTO POÉTICO

La dificultad del tema de esta charla (o lectura) estriba en que es un tema muy al margen de lo que vivimos cotidianamente. No es un tabú, no está patentemente reprimido… las circunstancias lo hacen simplemente imposible. No me declaro en ninguna posición privilegiada para hablar de él, no soy y me negaría a ser un experto especializado en nada. No hablaré como el que habla de un objeto de estudio al que nada le vincula.

José Manuel Rojo: RUIDO DE CADENAS. El sentimiento gótico en la arqueología industrial

“Si se puede imaginar se puede hacer”. Esta frase, exaltante y lapidaria como un oráculo o una consigna, no celebra el triunfo de la imaginación, sino su aplastante derrota: es el lema de un conocido anuncio televisivo que confunde el deseo imaginado con el artículo de consumo. Otra reciente campaña publicitaria insistía en preguntar cuál es el límite de nuestro deseo, “¿no puedes imaginar algo mejor?”, para encontrarlo encarnado bajo la forma de… un automóvil.

Eugenio Castro. EL OBJETO REVELADOR (Por una emblemática de lo maravilloso en la vida moderna)

Del libro de imágenes de los niños
al libro de imágenes de los poetas.
André Breton.
  

José Manuel Rojo: TIM BURTON Y EL MITO DE

Para juzgar si una película participa o no de la poesía, Jean Ferry propuso, allá por l934, una serie de requisitos indispensables, como "una fabulación absurda, un violento poder onírico, un erotismo monstruoso, la irrealidad de los decorados y el sentimiento de unheimliche o extrañeza" (King-Kong, Minotaure nº 5). ¿Hay algún director de cine que cumpla hoy, en nuestro tiempo, con estas reglas? Sí, lo hay, y se llama Tim Burton. De ahí su indefinición estilística. Al consultar numerosas enciclopedias de géneros (terror, fantástico, cine independiente...), su nombre no aparece en ninguno de ellos. Demasiado tierno para el cine de terror, demasiado cruel para el cine infantil, demasiado comercial para el cine experimental, demasiado subversivo para el cine comercial, demasiado complejo para un cine fantástico dominado por la facilidad y la complacencia, Burton pisa la tierra de nadie, y se le cree reducir al catalogarle como "bizarre", cuando su poesía nace de esa misma heterogeneidad.

Javier Gálvez: EL PEZ SÓLO SE SALVA EN EL RELÁMPAGO

"El pez sólo se salva en el relámpago"
(César Dávila Andrade)
 

Antonío Ramírez: REGRESO AL SUBTERRÁNEO, O EL EROTISMO RECONQUISTADO

Erotismo: fastuoso ceremonial en un subterráneo.
GRUPO SURREALISTA DE PARÍS
 
La sociedad impuesta desde el capitalismo ha ido expoliando todo impulso libre propio del ser humano. Pero a diferencia de otros regímenes anteriores no ha prohibido o reprimido simplemente lo que tiende a negarlo: a través de un proceso, propio de la dinámica mercantil, simplemente lo neutraliza llevándolo a su terreno.
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